El otoño y los corzos (5)

¡Que noche más larga! Juro que por mucho que sea de Bilbao, va a ser la última vez que duerma en un saco de verano en Burgos, ¡Que rasca! Nos levantamos y desayunamos algo, que bien entra el cafecito caliente.

Oscar va a volver al mismo sitio que ayer a ver si ve la corza, sin embargo Peio y yo decidimos coger el coche y salir a explorar nuevos territorios. Recechamos una zona preciosa, separados una cierta distancia pero en contacto siempre por el walkie.

Veo una ardilla y un raposo enorme, pero este me pilla de la misma. La llamo de vez en cuando a Peio para ver si la a liado ya, y en una de esas me dice que casi, ¡Será cabrito!. A tenido dos corzas muy cerca, les veía las patas entre los arbustos a 13 metros, pero un revoque de viento le ha fastidiado la preciosa entrada de 50 metros que había hecho. Una pena.

El sol estaba ya bastante alto, y decido quedar con Peio en un punto estratégico para planear la retirada. Ya llegando al sitio le oigo reclamando corzos o raposos, una mezcla rara, no se muy bien cual era su intención pero el caso es que cuando iba a llegar a él, veo una corza que venía al trote hacia mi.

Se para detrás de un arbusto a 12 metros y aprovecho para tensar el arco, como de un par de pasos más la achicharro. Pero desapareció entre unos arbolitos, sigo sin entender porque les llaman los duendes...

Me junté con Peio y me contó que había conseguido atraer a otra corza con su reclamo, hecho por él en una tarde aburrida de verano. Volvimos poco a poco hacia el coche tirando alguna judo que otra a distancias estratosféricas.


Quedamos al mediodía con Alberto y Emilio que justo andaban por la zona, y estuvimos contando algunas mentiras mientras picábamos algo de chorizo. Gente muy pero que muy maja. Les calentamos para que se animen a la tarde a cazar con nosotros, ya que desgraciadamente Peio nos abandonaba y había hueco de sobra para cazar los cuatro.

Así que quedamos a la tarde con ellos y nos despedimos de Peio, justo cuando empezábamos a calar la zona se va, si es que el trabajo va a acabar con él. Más tarde, con calma mientras comíamos (creo que era la tercera vez que comía fruta Oscar), Oscar me contó su mañana...

"Por la mañana repetí zona ya que sabía que la hembra con cría andaría por allí así que allí fui en cuanto salió el sol. Al igual que ayer, nada más llegar yo, se metieron al monte. ¿Demasiada casualidad? Movimientos lentos y viento a mi favor. Así que opté por subir yo también al monte e intentar cortarles el paso. El terreno estaba seco pero el rocío hizo la labor más sencilla. Al de media hora me los topé a unos 50m, se iban hacia delante cada vez la distancia era superior y me quedé sin opciones. SI se hubieran parado para degustar alguna plantita…pensé. Seguí recechando pero nada destacable. Vuelta al campamento."
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1 comentario:

Kitty Powers dijo...

bro, me conto Mirlo lo de las perdices, enhorabuena!. Por cierto, me encanta el collar rojo de Faco, le queda de cine!. En dos semanas de nuevo a California!!!